Blog de Juan Fernández

De todo un poco, como en botica. Apuntes medioseculares, donde, por hablar, se habla hasta del gobierno. Este blog cuenta con la bendición de los siguientes santos: San Woody, San Humphrey, San Frank McCourt, Santa Almudena, Grande de España, patrona de los canadienses, y Santa Dorothy Parker. Borrachos y borrachas de sombra negra, abstenerse.

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Lugar: Madrid, Spain

viernes, julio 31, 2020

Ahora toca callar

Este blog nació con vocación de futuro. Estaba pensado para que mis nietos, si los tuviera, y yo mismo, lo leyéramos entonces. La vida se ha encargado de segarme el futuro. Ya nada tiene sentido. Además, hay mucho de obsceno en esta exhibición impúdica del dolor. No tengo ningún derecho a amargar su tiempo de felicidad a quienes todavía gocen de él. Hay entre su entereza y mi debilidad la misma distancia que entre Zenobia y Juan Ramón. A los llamados artistas nos superan la enfermedad y el peligro de muerte, pataleamos ridículamente como un niño a quien se le quita su juguete preferido. De toda esta novela de horror por entregas, en la que cada capítulo es más infernal que el anterior, hay solo dos cosas positivas. Una, haber comprendido, aunque tarde, quién era la gigante y quién el idiota. Otra, la cantidad de gente de bien que ha mostrado su cariño hacia nosotros, especialmente hacia ella, y su férrea voluntad de ayuda. Aunque ateo, a veces creo que todo este inmenso horror en una expiación de mis pecados. Muchas gracias a quienes generosamente habéis seguido en algún momento este blog. Ahora toca callar. Un abrazo.

jueves, julio 30, 2020

El final de Sísifo

La historia de Sísifo tiene una segunda parte jamás contada. No contentos con el castigo que le impusieron, los dioses decidieron dar una vuelta de tuerca. Esperaron a que a Sísifo perdiese el vigor de la juventud y cambiaron la piedra por otra infinitamente más pesada. Durante unas semanas, Sísifo se esforzó, entre los gritos de apoyo de algunos espectadores, por volver a subir la piedra. Supo desde el principio que esta vez no podría llegar hasta el final. Y decidió permanecer inmóvil hasta convertirse él mismo en piedra.

miércoles, julio 29, 2020

Maestros

Tras recibir el Premio Nobel de Literatura, Albert Camus, el escritor francés, le escribió una carta de gratitud a su maestro, el señor Germain. También yo guardo una inmensa gratitud a mis maestros. Con independencia de mi mayor o menor grado de admiración hacia cada uno de ellos, de todos aprendí algo valioso y guardo un grato recuerdo. Del primero, de don Antonio Gómez, la importancia de la voluntad en el destino de nuestras vidas. Querer es poder, nos repetía a menudo. De don Antonio Pérez, pese a los pocos meses que lo tuve como maestro, debido a su repentina muerte, su profesionalidad y el generoso elogio que hizo de lo que fue mi mayor (y única) hazaña futbolera, meter tres goles en uno de aquellos disputados partidos del recreo, con pelotas no necesariamente esféricas, donde había que regatear al mismo tiempo al rival y a algún eucalipto. De don Paco Vidal, el habernos llevado en alguna ocasión a su domicilio para ver nada más y nada menos que un partido de la selección española. De don Diego, su afable tranquilidad y las excursiones que nos organizaba al campo. De forma intuitiva sabíamos que la única posibilidad de romper la cadena generacional de vidas duras y escasamente remuneradas, pasaba por perseverar en los estudios y el logro de alguna beca. También nuestras madres lo sabían, e hicieron algo insólito en aquellos años de silencio: ir a hablar con un maestro forastero, cuyo nombre omito, para quejarse de la poca atención que nos prestaba. Ya hablé en su momento de la deuda de muchos en el pueblo con don José, por su empeño en facilitarnos el acceso a las becas. Por cierto, esto era lo que Camus le decía en aquella carta al señor Germain: sin usted, la mano afectuosa que tendió al pobre niñito que era yo, sin su enseñanza y ejemplo, no hubiese sucedido nada de esto. No es que dé demasiada importancia a un honor de este tipo. Pero ofrece por lo menos la oportunidad de decirle lo que usted ha sido y sigue siendo para mí, y le puedo asegurar que sus esfuerzos, su trabajo y el corazón generoso que usted puso continúan siempre vivos en uno de sus pequeños discípulos, que, a pesar de los años, no ha dejado de ser su alumno agradecido.

martes, julio 28, 2020

Ángeles

Tenía razón Alberti: los ángeles luminosos existen. Aunque sin alas y con sexo. Esta mañana he hablado por teléfono con algunos. 

lunes, julio 27, 2020

Incredulidad

Sentado aquí, en un rincón apartado de El Retiro, a media mañana, viendo el plácido paseo de ociosos ciudadanos y escuchando el múltiple canto de las aves, cuesta tanto creer en la fatalidad de los acontecimientos... 

domingo, julio 26, 2020

In illo tempore

Alguien que lea que en nuestra infancia nos bañábamos en la alberca de Cristo, pensará equivocadamente que se trata de una metáfora religiosa. Nada más lejos de la realidad. La alberca de Cristo era un pequeño estanque junto a una huerta donde por un módico precio nos dábamos un chapuzón los domingos. Era ese uno de los pequeños placeres que nuestra austera condición nos permitía. Había muchos más, claro, la mayoría de ellos gratuitos. Tomar el fresco, sin ir más lejos, contemplando un firmamento cuajado de estrellas y escuchando las voces autorizadas de los adultos, con aquel hablar grave y sentencioso que tanto me admiraba, mientras seguíamos las evoluciones de una salamanquesa en torno a la vacilante bombilla que alumbraba la calle. O hacer excursiones a pie, siempre a pie (el coche era un artículo de lujo solo a disposición de un par de notables y los taxistas del pueblo), a Las Poyatas o a La Cabezuela, y sentirnos durante unos momentos los soberanos del valle que se extendía a nuestros pies. También los interminables paseos por las afueras del pueblo, intercambiando anécdotas y algún chismorreo, dueños de un tiempo infinito, ajenos a los peligros que deberíamos sortear en un futuro próximo. O la lectura de un tebeo o un periódico que algún generoso familiar nos había traído desde la capital. Cualquier nimiedad nos hacía felices: comprar algunas chucherías con la mermada paga dominical; ver una serie (Bonanza, El fugitivo, Mannix, El llanero solitario) y el ineludible partido de fútbol en algunos de los bares del pueblo (la televisión era otro artículo de lujo), el de Monagas, Los Rabicos, Diego o Emiliano; pasar las horas entregados a juegos de todo tipo, la mocha, la rueda, las chapas, el fútbol en el cerro o en la dehesa. Era aquella una felicidad elemental, desprovista de adictivos artilugios electrónicos, no era mucho lo que necesitábamos. Éramos, al mismo tiempo, sin saberlo, inmensamente pobres e inmensamente ricos.

viernes, julio 24, 2020

Eppur

Y sin embargo, pese a habitar otro universo, el prisionero necesita escuchar voces que le permitan saber que al otro lado de la tristeza sigue existiendo el mundo del que fue expulsado. Y si es justo, debe dar las gracias a esas voces.

jueves, julio 23, 2020

La antiestética del dolor

El dolor no es estético. No hay nada hermoso en él. Ni en el físico ni en el emocional. No suena un andante de Mozart de fondo, ni una acuarela de colores desvaídos aparecen en un segundo plano, ni alcanza el aroma fresco de un limonero. Definitivamente, el dolor es feo, disuasorio a ojos de los demás. El llanto no brota como un idílico manantial, sino con la virulencia de un vómito irreprimible. Un adulto haciendo pucheros ante un espejo tiene incluso un punto ridículo. No existe disciplina artística que sea  capaz de plasmarlo. Tampoco la literatura. Unas palabras, por escogidas que sean, son un pálido y remoto reflejo de la verdad. La verdad está en la sangre real de un suicida, no en en las estilizadas páginas de Werther. Intentamos reproducir la voz del dolor. Pero solo nos sale el graznido de un cuervo.

miércoles, julio 22, 2020

Los beneficios secundarios

En una junta de evaluación, una profesora psicóloga, ante el relato de las crueles adversidades en la vida de una alumna, dijo: un momento, un momento, ¿y los beneficios secundarios? Pocas veces he sentido con tanta fuerza las ganas de partirle la cara a alguien.

martes, julio 21, 2020

El presente

“El presente era esto y la muerte se le acababa de plantar más cerca que nunca; se le había sentado en el hombro y le estaba acariciando el cabello con los dedos”
Dennis Lehane.


lunes, julio 20, 2020

Ahora lo entiendo

En mi dispersa juventud, asistía desconcertado al llanto frecuente de mi madre. Ocupado como estaba en mis afanes, me irritaba en ocasiones su exhibición de dolor. Yo mismo presumía de llorar solo con las películas. Era la mía una actitud groseramente insolidaria y egoísta. Ahora sé que llorar, alivia. Y gritar. Y, como los locos, hablar con quien no puede oírte. 

sábado, julio 18, 2020

Los límites del verbo

Ánimo, sé fuerte, mantente firme, adelante, estamos contigo, cuando quieras nos tomamos una cerveza, llámame a cualquier hora si lo necesitas. Son palabras necesarias que decimos con la mejor de las intenciones, pero no dejan de ser brindis al sol. El caído no se levantará, el desahuciado no se curará, no le será devuelto el futuro a quien se le arrebató, en nada cambiará la tonalidad de la oscuridad y en nada aliviaremos la soledad de quien se dispone a hacer una travesía, no sabemos si corta o larga, por el desierto. Doy las gracias, claro, porque hay que premiar las buenas intenciones. Pero sé que gracias tampoco significa gran cosa. Este virus se ha llevado también los abrazos.

viernes, julio 17, 2020

Olvido

And then the angels forget to pray for us.

So long, Marianne, Leonard Cohen

jueves, julio 16, 2020

No pensar

No pensar. No pensar. No pienses. No pienses en nada. Tranquilo, estoy tranquilo. No me pasa nada. Estoy tranquilo así. Me quedo así quieto. Estoy esperando. No tengo que pensar. No me pasa nada. Estoy tranquilo, el tiempo pasa y yo estoy tranquilo porque no pienso en nada. Es cuestión de aprender a no pensar en nada.

Luis Martín-Santos, Tiempo de silencio

miércoles, julio 15, 2020

Vendrán otros tiempos y serán peores

Nos empeñamos en hallar la piedra de Rosseta que nos descifre la vida y, como la carta del relato de Poe, siempre estuvo ante nuestros ojos. Solo hay que leer a los clásicos. Manrique, Quevedo, Fray Luis de León, el Romancero, Cervantes, Teresa de Jesús, Juan de la Cruz, Larra..., todos ellos nos proporcionaron las claves, no es preciso ser un avezado hermeneuta. Releo las Coplas de Manrique y me sobrecogen su lucidez y su precisión, la diestra manera con que disecciona el olvido que seremos.
 ¿Qué se hizo aquel trovar,
las músicas acordadas
que tañían?

lunes, julio 13, 2020

Regreso

Uno acaba regresando al lugar del que partió pensando que nunca más volvería. No se trata de un lugar físico, aunque también, sino una manera de estar en la vida. Si algún mérito tiene La silla vacía es su autenticidad. Si Flaubert se permitió decir que Madame Bovary era él, entonces diré que Camus soy yo. Salvando todas las distancias, las que hay entre un cocodrilo y un lagarto, ambos compartimos la necesidad de huir de la soledad cósmica que sentimos cuando niños. Ser el niño listo en un medio paupérrimo te deja en tierra de nadie, rechazado por los de tu origen porque poco tienes que ver con ellos y por los de destino, que no dejan de verte como un intruso en su universo vallado. Con tal de no volver a sentir esa horrible sensación de desamparo, Camus fue acumulando libros, amantes, premios y compromisos, todo ello para hacer méritos ante el niño huérfano y pobre que fue. Es una lucha tan necesaria como inútil, porque ese niño que fuiste no te abandona nunca, y basta un golpe seco de la vida para que regresen todos los miedos que creías superados y esa insoportable sensación de impotencia. Yo cambiaría todos mis títulos, todos mis libros, todos mis premios, por un ápice de la paz, el coraje y el sentido del humor con que ella se enfrenta a la vieja puta que nos acosa.

domingo, julio 12, 2020

Un personaje atrabiliario

Después de un largo paseo en solitario por mi parque preferido, El Retiro, quedo para comer en un mejicano con mis hijas. Todo va bien hasta que un tipo comienza a ir mesa por mesa cantando rancheras, literalmente encima de los clientes, sin mascarilla ni distancia. A nadie parece importarle, en este tiempo de rebrotes, y aplauden complacidos. Yo monto en cólera. Mis hijas me reprochan que les esté amargando la comida. Al final, me dirijo al camarero y le hago saber la temeridad en que incurren. ¿No querrá que cante con mascarilla, señor?, me dice molesto. No, le contesto, pero seguro que se le oye igual de bien a dos metros. Quizá empiezo a parecerme más de lo que creía al personaje de Ricky Gervais en After life. 

sábado, julio 11, 2020

Hermano Celedonio


Mi admirado escritor Robert Louis Stevenson era conocido en Samoa, la isla donde vivió sus últimos cuatro años, como Tusitala, el contador de historias. Rodeado por nativos, amenizaba las veladas insulares con su destreza narradora. Yo también tuve mi particular Tusitala cuando muy niño, a la temprana edad de los cuatro o cinco años: Hermano Celedonio. Entre mis primeros recuerdos está el de una recua de niños, sentados en la calle (apenas había coches por entonces) en torno a él, ensimismados ante sus historias. He tenido que contrastar el recuerdo con mis hermanos mayores, no fuese a ser un desvarío senil, y para mi tranquilidad, me lo han confirmado. Es probable que mis posteriores afanes literarios, mi pasión por la literatura, como lector y como escritor, arranque precisamente ahí, en aquellas narraciones de mi tío abuelo Celedonio, a quien nunca le agradeceré lo suficiente haberme inculcado la querencia por la fantasía y la imaginación.  

viernes, julio 10, 2020

Malgré tout

A. me anima a que ponga por escrito mis emociones, aunque sea en un diario privado. Ella no sabe que ya lo hago, en este blog clandestino que abandoné en todo su esplendor y que he recuperado secretamente. Hasta donde yo sé, solo tres personas entran de vez en cuando en él. Es este un periodo terrible. Cuando parece que nada puede ir peor, los médicos se encargan de desmentirlo. Es un descenso interminable a los infiernos. Esta mañana, al ir a comprar en la farmacia unos tapones para ella, el farmacéutico, un hombre jovial y bromista, ha comenzado a hacer bromas sobre si los tapones eran para llevar o para quitar. Luego me ha preguntado para quién eran. Cuando se lo he dicho, me ha preguntado si era porque yo roncaba. De pronto me he vuelto a romper. Sé que dice poco de mí que me haya puesto a llorar en una farmacia. El hombre ha abandonado su fortaleza y ha salido a hablar conmigo. Le he explicado lo que pasaba. Toma, me ha dicho al acabar, llévate estos, son los mejores, te los regalo. He musitado entre dientes las gracias y me he ido. Debe haber sido muy incómodo para todos los presentes, pero no he podido evitarlo. Hasta que alcance las mil entradas, seguiré escribiendo contra viento y marea en este blog. Escribo para recordar en el futuro, si es que hay un futuro. Y para que mis hijas, y mis nietos si los hubiere, lo lean algún día. Confío en que antes de alcanzar esas mil entradas, haya visto la luz la novela, Trío irlandés. En un mundo de sombras, habrá al menos una sonrisa provocadora. Tengo ya la dedicatoria: a Cebe y Bauti, mis compañeros de viaje; a Lola, mi compañera de vida. Malgré tout.

jueves, julio 09, 2020

After life

De entre las series que hemos visto L. y yo durante las largas jornadas del confinamiento, ha sido una inglesa, dirigida y protagonizada por Ricky Gervais, una de las más impactantes. Cuenta la historia de la lacerante soledad en que se encuentra el protagonista tras la muerte de su esposa. Algunas secuencias me removían tanto que pese a mi intento por reprimirlo, no podía evitar emocionarme. Entonces L. me miraba y se reía de mí: eres un sentimental.

martes, julio 07, 2020

Heroínas

No sé quién fue el estúpido que habló de sexo débil para etiquetar a las mujeres. Hasta donde me alcanza, la entereza con que ellas se enfrentan al dolor y las amenazas letales es infinitamente superior a la de la mayoría de los hombres. No quiero practicar una ridícula e hipócrita condescendencia. Cuando la veo contar su historia como quien describe una historia ajena, con un distanciamiento brechtiano, no puedo por menos que preguntarme cómo coño se alcanza esta fortaleza diamantina, de qué pasta está hecha. 

lunes, julio 06, 2020

Excentricidad

Tal vez una de las razones por las que nos cuesta tanto asimilar la enfermedad y la muerte es porque ya la propia arquitectura urbana las sitúan como algo excéntrico y expulsado de lo cotidiano. Por ello, cuando ambas nos sacuden, las percibimos con un halo de irrealidad y estupor, algo tan ajeno a nuestras vidas que por toda reacción emitimos un balbuceo lastimero y penoso. Estamos tan acostumbrados a ocultar los dramas reales tras cifras y estadísticas, que solo cuando nos alcanzan de lleno aprendemos que el dolor no es cuantificable. Y que cada ser es el 100% de sí mismo.

domingo, julio 05, 2020

Los del Siglo XXI

Una velada muy agradable con el grupo del Siglo XXI. Puesta al día de las últimas peripecias, alguna de ellas chocante, como el robo sufrido a manos de una mujer de la limpieza. Se trata de aparentar que es una reunión rutinaria, en la que cada uno se atiene al papel que hemos ido perfilando a lo largo de tantos años. Yo defiendo como prueba de la inexistencia de Dios los lugares absurdos e innecesarios en que no acaban saliendo pelos y Manuel nos cuenta que participó en el programa de Byzum. Tres horas después, pasada la medianoche, nos despedimos chocando los codos, con las mascarillas puestas. Realmente, nada, pero nada, nada, tiene ya sentido.

viernes, julio 03, 2020

Daguerrotipos: Corillo

Corillo, hipocorístico de Dióscoro, era el cartero del pueblo, Zarza-Capilla. Mejor dicho, de los dos pueblos, el de arriba y el de abajo. Era un hombre enjuto, con una calva reluciente, y desbordaba energía. Lo recuerdo gritando desde el portón el nombre de mi madre, ¡Basilisa!, y apresurándose a entregar la correspondencia. Luego lo veía alejarse con su paso vivaz y ligero. Parecía un tipo feliz. Dicharachero y bromista, siempre tenía una frase oportuna en los labios. Para cuando terminabas de escucharla, él ya se había desvanecido, dejando solo una sonrisa flotante, como la del gato de Cheshire.

miércoles, julio 01, 2020

La partida de ajedrez

El ajedrez como trasunto de la vida. Un rey torpón e incompetente al que de nada valen sus condecoraciones ahora que la reina sufre una seria amenaza.