Blog de Juan Fernández

De todo un poco, como en botica. Apuntes medioseculares, donde, por hablar, se habla hasta del gobierno. Este blog cuenta con la bendición de los siguientes santos: San Woody, San Humphrey, San Frank McCourt, Santa Almudena, Grande de España, patrona de los canadienses, y Santa Dorothy Parker. Borrachos y borrachas de sombra negra, abstenerse.

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lunes, noviembre 22, 2021

Hamnet

 

Es harto probable que Hamlet, quizá la obra de teatro más universal, no existiría de no ser porque un hijo de Shakespeare, Hamnet, murió como consecuencia de la peste bubónica a los once años. En torno a este personaje y a su madre, Anne Hathaway (y al resto de la familia, en un segundo plano), la escritora irlandesa Maggie O’Farrell ha tejido una obra portentosa. Lo hace con un control tenaz del ritmo, con una hábil estructura narrativa y con una caracterización esmerada de los personajes. Impresiona no solo la cuidadosa documentación que se advierte en la novela, sino también la certera selección de los detalles, cómo va ilustrando la trama con unas pinceladas discretas, sin exhibicionismo alguno. Pero es su tono intimista, salmódico y falsamente monocorde, el que cautiva. Recurriendo a un tiempo presente, que fluye naturalmente, y al uso maestro del estilo indirecto libre, O’Farrell logra iluminar una zona históricamente en penumbra, el trasfondo del bardo al principio de su carrera, cuando aún no era más que un afán sin consistencia, un joven atribulado, lleno de incertidumbres. Es inevitable enamorarse de esa Agnes tan sabia, paciente, rebelde y corajuda que no se resigna a ser una nota a pie de página y que nunca supera la pérdida de su hijo, pese a su tenaz empeño y su dominio de los brebajes terapéuticos de la época. Su voz queda e hipnótica nos va envolviendo en algo que si no es un conjuro, se le parece mucho. Pocas veces he visto reflejado el desgarro del duelo de esta manera: They speak to her, these people. She hears words and voices, murmured mostly, but she doesn´t raise her head. These people, walking in and out of her house, pushing speech and utterances towards her ears, are nothing to do with her. They offer nothing she wants or needs.

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