Blog de Juan Fernández

De todo un poco, como en botica. Apuntes medioseculares, donde, por hablar, se habla hasta del gobierno. Este blog cuenta con la bendición de los siguientes santos: San Woody, San Humphrey, San Frank McCourt, Santa Almudena, Grande de España, patrona de los canadienses, y Santa Dorothy Parker. Borrachos y borrachas de sombra negra, abstenerse.

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sábado, agosto 09, 2008

Gente corriente

Uno tiende a hablar de los casos más llamativos, más estrafalarios, extraordinarios en el sentido etimológico, y puede dar una impresión deformada, caricaturesca, de la realidad escolar, porque lo cierto es que la inmensa mayoría de mis compañeros y alumnos son, para entendernos, gente corriente, felizmente anodinos, gente que cumple básicamente con su deber, que hace sus deberes, con mayor o menor brillantez. He procurado ocupar un punto equidistante entre los compañeros que reniegan a cada instante de sus alumnos y aquellos que confunden la labor docente con una misión religiosa y les ven como ángeles caídos a los que hay que redimir. He intentado, en fin, huir como alma que lleva el diablo del nihilismo acerbo, avinagrado, y de cualquier teología, antigua o moderna. No creo en los modelos, no existen las recetas universales, y confundir las personas con faros en la noche es a menudo la forma más rápida de acabar estrellándose contra los acantilados y acabar naufragando, pero de tener que elegir alguno, un modelo, quiero decir, no se alejaría mucho de tipos como Emiliano, retirado de la profesión por unos fanáticos islamistas que sembraron de bombas y de miedo los trenes de Madrid hace ya cuatro años. Le nombro a él como podría nombrar a otros muchos, gentes que cumplen con sus horarios, que capean el temporal lo mejor que pueden, que sólo faltan cuando una seria enfermedad les deja temporalmente fuera de combate, y que un buen día reciben una triste bandeja plateada, a veces ni eso, y una comida homenaje por los servicios prestados. De modo que, si algún lector poco avisado malinterpreta el cinismo que destilan algunas de mis entradas y cree que soy excesivamente cruel en el juicio sobre mis compañeros, me apresuro a desmentirle. A mí, sin ánimo de caer en corporativismos infames, mis compañeros, en su inmensa mayoría, me parecen personas de bien, gente decente, con quienes tomo café o cerveza con una cierta complacencia y bienestar. Y basta ya de tonos edulcorados y loas jabonosas.

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