Blog de Juan Fernández

De todo un poco, como en botica. Apuntes medioseculares, donde, por hablar, se habla hasta del gobierno. Este blog cuenta con la bendición de los siguientes santos: San Woody, San Humphrey, San Frank McCourt, Santa Almudena, Grande de España, patrona de los canadienses, y Santa Dorothy Parker. Borrachos y borrachas de sombra negra, abstenerse.

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jueves, junio 02, 2011

Del tiempo

David Eagleman se cayó del tejado cuando tenía ocho años, y la caída se le hizo tan eterna como a Alicia en el país de las maravillas. A partir de ahí, empezó a investigar acerca de nuestra percepción del tiempo, y tras muchos años de investigación, ha llegado a conclusiones sorprendentes. Para empezar, el presente no existe. Lo que percibimos como tal, ha pasado hace medio segundo, al menos, el periodo que necesitamos para reordenar todas las sensaciones que nos llegan por diferentes conductos. Además, dicha percepción, la del tiempo, está repartida por diversas zonas de nuestro cerebro, y dependiendo de su amplitud (segundos, horas, días...) entran en acción el hipotálamo, los ganglios basales o el cerebelo, sin ir más lejos. Añádase que cada sentido tiene su propio ritmo, de modo que lo primero que percibimos es lo que nos llega a través del oído, salvo cuando el ruido se produce a una gran distancia. Eagleman hizo un curioso experimento con varios voluntarios: estos debían realizar una caída libre durante treinta segundos y medir mentalmente el tiempo que pensaban que habían invertido: el resultado fue sorprendente, ya que calcularon que habían rebasado el minuto, lo que confirma la teoría de Eagleman, cuando proclama que el tiempo es una materia elástica. Tan elástica, que cuando tenemos fiebre, el tiempo se ralentiza. Por último, la razón por la que en la madurez el tiempo se nos pasa vertiginosamente y se demora en la infancia, es por la cantidad de novedades que debemos registrar en esta. Lo del tema y el rema, aplicado a la consciencia. Espero que esta entrada no se les haya hecho eterna.

8 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Falta saber cómo poder pararlo... para esos momentos en los que deseas que todo se inmovilice, que el momento dure eternamente, cuando no hay ni antes ni después... la habilidad de parar los relojes... ¿algún día sabremos cómo?

09:59  
Anonymous Anónimo said...

Eterna, no, però se m'ha enuetgat la torrada aquest matí i encara estic esperant a digerir-la per poder parlar :)

10:09  
Blogger Joana said...

Encara no li he vist l'entrellat i la torrada ja està en els peus. T'has llegit quaranta històries després de la mort?

15:52  
Anonymous Anónimo said...

No, Joana, no lo he leído. ¿Dónde está publicado?

18:31  
Blogger Mares said...

El presente es el punto exacto de donde pendemos como un péndulo, unas veces oscilamos hacía el lugar donde persiste la memoria y los recuerdos y otras nos movemos con precaución hacia el porvenir, anhelando que no sea el camposanto de los sueños incumplidos.
Cada uno percibe el tiempo según el periodo de las oscilaciones entre pasado y futuro y como bien dices en tu entrada, tal vez dependamos del hipotálamo para tener una percepción equilibrada del ahora o, por el contrario, nuestro hoy esté desintegrado y blando como el famoso reloj de Dalí.
Magnífica entrada, como siempre

21:54  
Anonymous Anónimo said...

No, Mares, el magnífico es tu comentario, de verdad. Juan

22:24  
Blogger Ireth said...

There's no time for us, there's no place for us. This world has only one sweet moment set aside for us.

23:37  
Anonymous Joana said...

Aquí tienes el título es castellano, y la editorial. Te recomiendo que leeas la entrevista que le hizo Punset.

SUM: CUARENTA HISTORIAS DESDE LA OTRA VIDA
de EAGLEMAN, DAVID
ESPASA-CALPE

08:01  

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